El debate sobre los cigarrillos electrónicos suele moverse entre dos posiciones extremas: presentarlos como una alternativa prácticamente inocua o considerarlos exactamente igual de perjudiciales que el tabaco convencional. La evidencia disponible obliga, sin embargo, a introducir matices.

Una revisión sistemática de Cochrane, referente mundial en revisiones de estudios sanitarios, realizada en noviembre de 2025, concluye que los cigarrillos electrónicos con nicotina pueden ayudar a algunas personas adultas fumadoras a dejar de fumar durante al menos seis meses. Según sus resultados, podrían ser más eficaces que utilizar una única terapia sustitutiva con nicotina, como parches o chicles.

La revisión analizó 104 estudios en los que participaron más de 30.000 personas adultas fumadoras. De cada cien personas que utilizaron cigarrillos electrónicos con nicotina para abandonar el tabaco, entre ocho y once consiguieron dejar de fumar, frente a unas seis de cada cien que emplearon tratamientos sustitutivos de nicotina.

Estos datos no significan que vapear sea saludable ni que deba recomendarse a personas que no fuman. Los cigarrillos electrónicos producen un aerosol que puede contener nicotina, sustancias irritantes y partículas potencialmente perjudiciales. La nicotina, además, genera dependencia y no está exenta de efectos sobre el sistema cardiovascular.

La revisión señala también que todavía se necesita más investigación sobre los efectos adversos y sobre la seguridad a largo plazo de los dispositivos más recientes. Los efectos secundarios comunicados con mayor frecuencia fueron irritación de garganta o boca, tos, dolor de cabeza y náuseas.

Una ayuda para dejar de fumar, no un producto inocuo

Para una persona adulta fumadora que sustituye completamente los cigarrillos convencionales por un dispositivo electrónico, puede producirse una reducción de la exposición a algunas de las sustancias tóxicas generadas por la combustión del tabaco.

Sin embargo, el beneficio disminuye considerablemente cuando se mantienen ambos productos. Fumar y vapear simultáneamente, el llamado consumo dual, puede prolongar la dependencia de la nicotina y mantener buena parte del riesgo asociado al tabaco.

El objetivo debe ser abandonar completamente los cigarrillos convencionales y evitar que el vapeador se convierta en una nueva dependencia permanente. Siempre que sea posible, el proceso debería realizarse con apoyo sanitario, asesoramiento profesional y un plan individualizado para dejar también la nicotina.

El Gobierno amplía la regulación

El Consejo de Ministros aprobó el 21 de julio de 2026 el proyecto de reforma de la Ley 28/2005 de medidas sanitarias frente al tabaquismo. El texto será remitido a las Cortes Generales, por lo que todavía debe completar su tramitación parlamentaria antes de convertirse en ley.

La reforma equipara el uso de los cigarrillos electrónicos y otros productos relacionados con el tabaco al consumo de cigarrillos convencionales en los espacios donde esté prohibido fumar. También amplía los espacios libres de humo y aerosoles, incluyendo terrazas, playas y otros lugares al aire libre.

Entre las medidas previstas figura además la prohibición de los cigarrillos electrónicos de un solo uso, así como nuevas limitaciones a su publicidad, promoción, venta y exposición. La propuesta busca especialmente reducir el acceso y el atractivo de estos productos entre adolescentes y jóvenes.

Prevenir también es evitar que se empiece

Desde ASICAS recordamos que la mejor opción para una persona que no fuma es no comenzar a vapear. Que un producto pueda ser útil para algunos adultos dentro de un proceso de abandono del tabaco no justifica su utilización recreativa ni su normalización entre los menores.

Reducir el tabaquismo es fundamental para prevenir enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares. Dejar de fumar disminuye progresivamente el riesgo de sufrir un ictus y aporta beneficios para la salud desde los primeros días.